Jorge Güiro | Photo & Video

Teatro de la Habana

La Habana es un camino en el que la amalgama de estilos, ilusiones, y vidas raídas crea la impresión de que estamos asistiendo a una
gran obra de teatro; donde la decoración cambia en cada acto, con cada paso que damos. En esta ciudad los íconos, los niños, los oficios y lo obvio se cubren de un velo de magia, se vuelve arte, sorpresa, surrealismo.

Los momentos se repiten al infinito en la macroescena que La Habana brinda, como en los sueños recurrentes, un déjà vu que nos persigue en esta ciudad donde todo el mundo tiene la impresión de haberse visto antes.

Es lo que nos devela esta serie de fotografías. Las escenas captadas reflejan de manera simple y homogénea la vida cotidiana y roída de una ciudad que vive apartada de los afiches turísticos y del brillo restaurado de los monumentos históricos. Estas estampas no podrían ubicarse en otro lugar, los autos antiguos, las paredes descascaradas, los andamios, los eslóganes y carteles revelan el sello inconfundible de la vida de la ciudad.

Güiro es el dramaturgo que ilumina lo que él califica como escenas surrealistas en un gran teatro. Pero hablar de escena surrealista en esta ciudad, es tratar de calificar lo que por naturaleza le es inherente. La Habana es una ciudad donde el tiempo se dilata al calor del sol y se condensa con el aire que viene del mar, formando una nube de ensueño que embriaga la gente que la respira, la transpira y la devuelve al tiempo en un ciclo infinito de magia tropical. La realidad se transforma en experiencia maravillosa y el asombro se torna imaginación: ¿lo que vemos es cierto o imaginado? ¿O es que acaso lo que imaginamos se transforma en realidad en este lugar que es casi una dimensión distinta y cada vez más difusa?

En todo caso, el artista, armado de una analógica, se pasea impune y curioso e indiscreto espectador de la vida de los habaneros y nos descubre una ciudad que no se ríe, que está cansada y cuyos edificios envejecen bajo las inclemencias del clima soportando apenas el peso de tanta historia que han visto desfilar.

A los ojos de Güiro no existe lo feo o lo hermoso, sino simplemente un mundo lleno de imágenes que piden a gritos salir de la clandestinidad.
Teatro de la Habana es una colección que gustará o que molestará, algunos la encontrarán justa, otros facciosa, pero en ninguna circunstancia, dejará indiferente. ¡Que empiece la función!

Heli Seuret­Cohen

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